Resumen
La pandemia de COVID-19 ha afectado negativamente el bienestar físico y mental, disminuyendo la calidad de vida tanto de los pacientes pediátricos como de sus familias.
Objetivo: Evaluar los síntomas agudos y posteriores a la infección por COVID-19 en niños y analizar su impacto en la calidad de vida de los pacientes y sus padres.
Pacientes y Método: Estudio transversal que incluyó a 231 niños entre 8 y 18 años diagnosticados con COVID-19 prolongado y a sus padres. Se definió como COVID-19 prolongado la persistencia de sintomas después de 3 meses del episodio agudo. Se incorporó un grupo control de 176 niños sanos, emparejados por edad y sexo, junto con sus padres. Se recopilaron datos demográficos, síntomas durante la infección y a los tres meses posteriores. Los niños completaron el Inventario de Calidad de Vida Pediátrica (PedsQL™ 4.0, versión turca), mientras que los padres completaron el Módulo de Impacto Familiar del PedsQL™.
Resultados: El síntoma más común durante la fase aguda fue la fatiga (49,3%), seguido de dolor de garganta (39,8%), cefalea (39,3%), tos (27,7%) y dolor articular (26,4%). El 76,2% de los niños reportaron síntomas persistentes, siendo los más frecuentes la fatiga (15,9%), tos (15,3%), disfunciones cognitivas (15,3%), cefalea (10,2%) y anosmia/ageusia (9%). Los cuestionarios PedsQL revelaron una disminución estadísticamente significativa en la calidad de vida de los niños con COVID-19 y sus familias en comparación con el grupo control (p < 0,001).
Conclusión: La infección por COVID-19 reduce la calidad de vida de los pacientes pediátricos y sus padres, especialmente debido a síntomas persistentes como el déficit de atención y el bajo rendimiento académico. Se recomienda un seguimiento integral físico y psicológico durante y después de la pandemia.

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